Pero la misma investigación revela que, durante la segunda fase, la industria retrocedió en los avances experimentados
Cuando los octógonos aparecieron por primera vez en los empaques peruanos en 2019, generaron sorpresa, curiosidad y hasta temor. “Alto en azúcar”, “Alto en sodio”, “Alto en grasas saturadas”. La ley se había propuesto alertar a padres, niños y adolescentes sobre los componentes detrás de los alimentos procesados. Pero seis años después, nos preguntamos si realmente estamos comiendo mejor.
Un nuevo estudio publicado en la Romanian Journal of Diabetes, Nutrition and Metabolic Diseases analizó 1137 etiquetas de alimentos procesados recolectadas entre 2018 y 2021, comparando la composición nutricional antes y durante la implementación de los octógonos con la Ley 30021.
La investigación muestra que sí hubo cambios en la composición nutricional de los alimentos procesados, sin embargo, en la segunda etapa de implementación cuando los parámetros se volvieron más estrictos paradójicamente las empresas productoras volvieron a elevar el nivel de calorías en sus productos.
¿Qué fue lo que cambió con la ley?
La Ley de Promoción de la Alimentación Saludable para Niños, Niñas y Adolescentes fue creada con el objetivo de prevenir el sobrepeso y la obesidad en menores, un problema que en el Perú crece silenciosamente desde hace más de una década. Para ello, la norma dictaminó que se expusieran al consumidor octógonos claros, visibles y directos sobre el exceso de azúcar, sodio, grasas saturadas y grasas trans.
Los octógonos se convirtieron, así, en una especie de sistema de alerta visual que buscaba impulsar a la industria hacia la reformulación de productos y, al mismo tiempo, brindar a las familias información inmediata para decidir mejor. Y, al inicio, los datos sugieren que funcionó: el estudio reporta una reducción del 36,7% en azúcar, una caída del 14% en sodio y una disminución cercana al 10% en grasas saturadas durante los primeros años de aplicación entre 2019 y 2020.
Sin embargo, el panorama cambió cuando llegó la segunda etapa de implementación en 2021, que estableció parámetros más exigentes para clasificar un producto como “alto en”. Fue en ese punto cuando algunos indicadores comenzaron a retroceder. Varias categorías de alimentos registraron incrementos en calorías y ciertos nutrientes críticos.
“Si bien la industria ajustó sus productos en los primeros años, el repunte de algunos nutrientes críticos revela que estos cambios no se consolidaron como una política interna de mejora nutricional. Más que una reforma estructural, la reacción inicial parece haber sido un movimiento táctico para eludir los octógonos y evitar la pérdida de clientes, sin un compromiso real con el bienestar a largo plazo de los consumidores”, afirma Víctor Mamani- Urrutia, uno de los autores del estudio y responsable de investigación de la carrera de Nutrición y Dietética en la Universidad Científica del Sur.
¿Más octógonos significa menos consumo?
Una de las preocupaciones centrales para el investigador es que el país no cuenta con estudios oficiales sobre si los octógonos modificaron los hábitos de compra de los peruanos.
“En Perú no tenemos evidencia que nos diga qué tanto un octógono disuade hoy a un consumidor. Cuando se implementaron, sí llamaban la atención, pero con los años no sabemos si siguen influyendo en las decisiones de compra”, indica Mamani-Urrutia. “La falta de seguimiento por parte del Ministerio de Salud ha dejado un vacío importante para evaluar el impacto real de la normativa”.
A diferencia de Chile, que sí ha demostrado una caída en el consumo de bebidas azucaradas tras los octógonos, Perú no ha medido sistemáticamente estos cambios. Además de que no realiza advertencias relacionadas al exceso de calorías, cafeína o edulcorantes.
La investigación recuerda que la implementación de los octógonos solo era una medida más en una iniciativa que buscaba regular la venta de productos en colegios, promover la actividad física y educar en alimentación saludable. No obstante, hasta el momento no existe fiscalización alguna para que esta normativa se cumpla plenamente en los cafetines escolares.
“La verdadera cuestión es si la niñez peruana tiene acceso real a opciones saludables en lugar de una gaseosa o un snack ultraprocesado en el quiosco de la escuela. Hoy incluso muchos productos que se venden como ‘saludables’ o ‘fit’ llevan octógonos, lo que evidencia que el problema no es solo la etiqueta, sino la limitada accesibilidad a alimentos frescos y naturales”, advierte el investigador.
El impacto en la salud a largo plazo
Detrás de los octógonos y de los cambios en la composición de los alimentos procesados existe un punto que no puede perderse de vista: los niños y adolescentes son quienes están más expuestos a los riesgos del consumo frecuente de ultraprocesados.
A diferencia de los adultos, los menores están en una etapa de crecimiento acelerado, con necesidades nutricionales específicas y sistemas metabólicos todavía en desarrollo. Cuando la mayor parte de su alimentación se basa en productos altos en azúcar, sodio, grasas saturadas y aditivos, las consecuencias pueden aparecer temprano y acompañarlos hasta la adultez.
Según la Organización Panamericana de la Salud, el consumo habitual de ultraprocesados en menores de edad se asocia con: mayor riesgo de sobrepeso y obesidad, alteraciones metabólicas tempranas y un mayor riesgo de enfermedades crónicas en la adultez.
“A pesar de las reducciones de azúcar, sodio y grasas saturadas, eso no significa que los productos sean saludables para nada. Las cantidades actuales continúan siendo elevadas y peligrosas si se consumen con frecuencia para la salud de los niños.”, afirma Mamani-Urrutia.