Debido al diagnóstico tardío, en el Perú, solo el 36% de pacientes sigue con vida a 5 años de seguimiento.
En el Perú, el melanoma, el tipo más letal de cáncer de piel, no suele detectarse a tiempo. Un estudio realizado en el Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas (INEN), que analizó 1,136 pacientes diagnosticados entre 2010 y 2019, revela que más del 50% de los casos fue identificado en estadios avanzados (III y IV), cuando la enfermedad ya se ha diseminado a ganglios linfáticos u otros órganos y las probabilidades de supervivencia se reducen de forma drástica.
Los datos muestran que el 36.5 % de los pacientes llegó en estadio III y el 23 % en estadio IV, mientras que solo el 16.5 % fue diagnosticado en estadio I, la fase más temprana del melanoma. Esta distribución contrasta con la de países de altos ingresos, donde la detección precoz es más frecuente gracias a controles dermatológicos regulares y campañas sostenidas de prevención.
El tiempo como factor crítico
Uno de los hallazgos más reveladores del estudio es la demora prolongada entre la aparición de la lesión y el diagnóstico médico. Más del 65 % de los pacientes notó cambios en su piel con más de seis meses de anticipación, pero no recibió un diagnóstico oportuno. Aún más alarmante, el 20.1 % tardó más de tres años en ser diagnosticado.
Estas demoras no solo incrementan el riesgo de la propagación de células cancerosas a otras partes del cuerpo, sino que evidencian fallas en el primer nivel de atención, baja sospecha clínica del melanoma y dificultades para acceder a especialistas, especialmente en regiones alejadas de la capital.
“El melanoma no suele dar síntomas en etapas tempranas, por lo que su detección depende casi por completo de la sospecha clínica y del acceso oportuno a una evaluación especializada. El hecho de que la mayoría de pacientes haya notado la lesión meses o incluso años antes del diagnóstico sugiere que estamos fallando como sistema en reconocer a tiempo una enfermedad potencialmente curable. Fortalecer la capacitación del primer nivel de atención y promover la evaluación de lesiones sospechosas podría cambiar radicalmente estos resultados”, explica Gabriel De la Cruz-Ku, investigador de la Universidad Científica del Sur.
Una enfermedad atravesada por la desigualdad territorial
El 77.7 % de las personas afectadas por este cáncer provenía de zonas no metropolitanas, mientras que apenas el 22.3 % residía en áreas metropolitanas. Esta brecha territorial sugiere que el lugar de residencia influye directamente en el acceso a diagnóstico temprano, derivación oportuna y tratamiento especializado.
Además, la edad promedio al diagnóstico fue de 63 años, lo que refuerza la vulnerabilidad de personas adultas mayores frente a un sistema que no logra detectar la enfermedad a tiempo.
Un melanoma distinto al de otros países
El estudio confirma que el melanoma en Perú presenta características clínicas distintas a las descritas en poblaciones europeas o norteamericanas. El 75.5 % de los casos se localizó en extremidades inferiores, especialmente en los pies, una zona que suele pasar desapercibida en los chequeos de rutina.
Asimismo, el 38.1 % de los diagnósticos correspondió al melanoma acral lentiginoso, un subtipo más frecuente en poblaciones no blancas y asociado a peor pronóstico. Este tipo de melanoma no está directamente vinculado a la exposición solar, lo que cuestiona la idea de que el cáncer de piel es un problema exclusivo de personas con alta exposición al sol.
Tumores agresivos desde el inicio
La gravedad del diagnóstico se refleja en las características del tumor. El 70.4 % de los pacientes presentó tumores T3 o T4, es decir, lesiones gruesas y avanzadas. Además, el 52.4 % tenía ulceración, un indicador de agresividad biológica y peor evolución clínica.
A esto se suma que el 63 % ya tenía compromiso ganglionar al momento del diagnóstico, uno de los factores que más incrementa el riesgo de muerte. Según el análisis, los pacientes con ganglios positivos tienen 3.2 veces más riesgo de fallecer que aquellos sin afectación ganglionar.
Las consecuencias del diagnóstico tardío son contundentes. La supervivencia global a cinco años fue de:
- 85 % en estadio I,
- 51 % en estadio II,
- 22 % en estadio III,
- y solo 6 % en estadio IV.
En conjunto, solo el 36 % de los pacientes sobrevivió a cinco años de seguimiento, una cifra considerablemente menor a la reportada en países donde el acceso a diagnóstico temprano e inmunoterapia es parte del estándar de atención. La supervivencia libre de eventos, que mide recaídas o progresión de la enfermedad, fue de apenas 20 %.
Tratamientos limitados y cirugías radicales
El estudio también expone las brechas en el acceso a tratamientos modernos. Durante el periodo analizado, ningún paciente recibió inmunoterapia, considerada hoy el tratamiento estándar para melanoma avanzado a nivel internacional.
En su lugar, muchos pacientes enfrentaron procedimientos quirúrgicos radicales. El 25.5 % requirió amputación de dedos o pies, y el 3 % amputación de extremidades, intervenciones que afectan de manera directa la calidad de vida y la capacidad laboral.
“La ausencia de inmunoterapia durante el periodo estudiado tuvo consecuencias claras. No solo se tradujo en menores tasas de supervivencia, sino también en tratamientos más agresivos, como amputaciones, que hoy podrían evitarse en muchos casos. El acceso a terapias modernas no es un lujo, sino una necesidad para ofrecer un manejo oncológico digno y acorde a los estándares internacionales”, afirma Gabriel De la Cruz-Ku, investigador de la Universidad Científica del Sur.
Más que un problema médico
Los resultados del estudio muestran que el melanoma en Perú es un reflejo de las desigualdades estructurales del sistema de salud. La combinación de diagnóstico tardío, barreras territoriales y ausencia de tratamientos de última generación convierte a este cáncer en una enfermedad donde el momento y el lugar del diagnóstico pueden ser determinantes para sobrevivir.
“Por lo tanto, el melanoma en el Perú no es solo una enfermedad oncológica, sino un marcador de inequidad. La probabilidad de sobrevivir depende en gran medida del lugar donde se reside, del momento del diagnóstico y del acceso al tratamiento. Abordar este problema requiere políticas públicas que prioricen la detección temprana, reduzcan las brechas territoriales y garanticen el acceso universal a terapias efectivas. De lo contrario, seguiremos teniendo diagnósticos tardíos y tratando de forma insuficiente”, detalla el investigador.
En ese contexto, el melanoma deja de ser un cáncer poco frecuente y se convierte en una alerta de salud pública: una enfermedad que revela quiénes llegan a tiempo al sistema de salud y quiénes quedan fuera.
El estudio fue realizado por los investigadores Ziegler-Rodriguez G, De la Cruz-Ku G, Desai A, Piedra Delgado L, Maldonado S, Guart JA, Franco C, Diaz-Mora S, Vilchez Santillan S, Dunstan Yataco J, Haro-Varas J, Galarreta-Zegarra J, Casavilca Zambrano S, Cotrina Concha J.