Investigaciones científicas Paper

Científicas de Perú y Chile investigan cómo afecta el carbono negro al ecosistema antártico

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El carbono negro es uno de los contaminantes más persistentes derivados de la combustión incompleta de combustibles fósiles, como el diésel. Estas diminutas partículas, conocidas también como hollín, pueden viajar largas distancias por la atmósfera y depositarse en ecosistemas remotos como la Antártida. Allí, su presencia plantea nuevas preguntas para la ciencia: ¿cómo interactúa este contaminante con la vida marina y qué efectos podría tener en una de las redes alimentarias más frágiles del planeta? 

Un equipo de investigadores de Perú y Chile se propuso responder parte de estas interrogantes durante la segunda fase de la campaña científica antártica peruana ANTAR XXXII. A bordo del buque de investigación B.A.P. Carrasco, los científicos realizaron jornadas de recolección de muestras en el marco de dos proyectos que estudian la ecología del krill y los efectos del carbono negro en este organismo clave del ecosistema antártico. 

El trabajo estuvo liderado por los investigadores Francisco Santa Cruz y Rodolfo Rondón, junto con la bióloga Magdalena Márquez, del Instituto Antártico Chileno. En el equipo también participaron las investigadoras junior peruanas Sofía Chung y Daniella Orihuela, biólogas marinas formadas en la Universidad Científica del Sur. 

El foco del estudio está en el krill antártico (Euphausia superba), un pequeño crustáceo que cumple un rol central en la red trófica del océano Austral. Para analizar cómo el carbono negro podría afectar su biología, los científicos diseñaron un experimento de exposición controlada en acuarios. En estas condiciones, los organismos fueron expuestos a diferentes concentraciones de carbono negro obtenido a partir de material particulado de diésel, utilizado como una fuente representativa de contaminación. 

El objetivo es evaluar cómo este contaminante influye en la microbiota intestinal del krill y en la expresión de ciertos genes relacionados con sus funciones fisiológicas. Estos indicadores permiten observar posibles alteraciones en procesos esenciales del organismo, como la digestión, el metabolismo o la respuesta al estrés ambiental. 

Los resultados son relevantes porque el krill se alimenta filtrando partículas suspendidas en el agua. Si el carbono negro se incorpora al ambiente marino ya sea en forma particulada o disuelta, es probable que este crustáceo lo ingiera durante su alimentación. Esto podría afectar su salud y, en consecuencia, generar impactos en cascada sobre especies que dependen de él como fuente de alimento, entre ellas pingüinos, focas y ballenas. 

Las muestras recolectadas durante la campaña serán analizadas para comprender mejor cómo estos contaminantes emergentes influyen en la vida marina antártica. La investigación forma parte de un esfuerzo científico más amplio que busca generar evidencia sobre los riesgos ambientales en uno de los ecosistemas más sensibles del planeta. 

Científica en la Antártida  

En el último año la Universidad Científica del Sur ha tenido una participación amplia en la Expedición Científica Peruana organizada por el Ministerio de Relaciones Exteriores. Los proyectos que enmarcan este trabajo abarcan prioridades internacionales en torno al cambio climático, la salud de ecosistemas vulnerables y la gestión sostenible del océano Austral.   

En su última edición fueron 15 las expedicionarias seleccionadas para participar de este proyecto. Además, otras 3 jóvenes de la Científica fueron escogidas para integrar equipos de investigación de cooperación internacional con Argentina y Chile.

Mariana es una de esas jóvenes que hoy colabora con el Instituto Antártico Argentino en el proyecto “Monitoreo de larvas de eufáusidos”, pieza clave para comprender la dinámica poblacional del krill, base de la cadena alimenticia del océano Austral.

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