Los investigadores advierten que se trata de una especie rara, de distribución limitada y que podría enfrentar amenazas como el sobrepastoreo, incendios y el cambio climático.
Una nueva especie de planta ha sido identificada en los Andes del norte del Perú. Se trata de Castilleja isidoroi, una especie perteneciente a la familia Orobanchaceae que crece en zonas altas de los departamentos de Amazonas y Cajamarca. El hallazgo fue publicado en la revista científica Phytoneuron, en un estudio realizado por los investigadores J. Mark Egger y Daniel B. Montesinos de la Universidad de Washington y la Universidad Científica del Sur, respectivamente.
«Los Andes albergan una gran biodiversidad que, en muchos casos, se desconoce. Esta brinda diferentes servicios ecosistemicos como la regulación hídrica, almacenamiento de carbono y la establidad de los suelos”, afirma Montesinos.
La nueva especie destaca por sus flores relativamente pequeñas pero muy llamativas. Sus corolas presentan tonalidades que van del escarlata intenso al rojo violáceo y poseen una estructura alargada característica. También presenta brácteas de colores más apagados y un crecimiento frecuentemente muy ramificado, características que permiten diferenciarla de otras especies de Castilleja presentes en la misma región.
Un misterio que tomó décadas resolver
La historia de Castilleja isidoroi comenzó mucho antes de que recibiera oficialmente su nombre. Durante la revisión de ejemplares conservados en distintos herbarios, J. Mark Egger encontró varias plantas que no podían ser identificadas con facilidad con respecto a las especies conocidas. Algunos ejemplares habían sido registrados simplemente como Castilleja sp. u Orthocarpus sp., mientras que otros habían sido asociados posteriormente con Castilleja vadosa.
Una de las primeras pistas apareció en una anotación realizada en 1999 sobre un ejemplar recolectado en Cajamarca. El comentario señalaba que la planta era similar a C. vadosa, pero que sus flores eran “muy grandes”. Años después, en 2005, Egger realizó trabajo de campo en el norte del Perú junto con otros investigadores para buscar estas plantas, aunque no logró encontrarlas en uno de los sitios donde esperaba hallarlas.
El enigma comenzó a resolverse en diciembre de 2023. Montesinos publicó en inaturalista fotografías de ejemplares que había recolectado meses antes junto con sus colaboradores en la región de Chachapoyas, Amazonas. Al observarlas, Egger reconoció que aquellas plantas correspondían a las mismas que habían llamado su atención años atrás. Posteriormente, el investigador Juan Montoya Quino, del Herbario CPUN de la Universidad Nacional de Cajamarca, proporcionó fotografías de otro ejemplar recientemente recolectado, lo que permitió reunir nuevas evidencias para sustentar la descripción de la especie.
Una especie endémica y poco conocida
Uno de los aspectos que más llama la atención de los investigadores es la rareza de C. isidoroi. El estudio señala que actualmente se conocen seis poblaciones, aunque la información disponible sobre el tamaño de muchas de ellas es limitada. En una población de Amazonas se contabilizaron aproximadamente entre 15 y 20 individuos en un área de 50 metros cuadrados. En otra localidad de Cajamarca se observaron pocos individuos aislados y dispersos, lo que impidió estimar el tamaño total de la población.
Por estas características, los autores consideran que la especie debería ser evaluada como candidata a una categoría de amenaza a nivel global. Entre las posibles amenazas mencionan el pastoreo de ganado, el crecimiento de la población humana, incendios y el cambio climático.
Un homenaje a la investigación de la flora andina
El nombre Castilleja isidoroi rinde homenaje al botánico peruano Isidoro Sánchez-Vega (1938–2015), quien fue curador del Herbario CPUN y profesor de la Universidad Nacional de Cajamarca. Los autores lo reconocen por su trabajo dedicado al estudio y conservación de la flora andina del Perú. Para la especie también proponen el nombre común “El Pincel de Isidoro”.
El descubrimiento pone nuevamente en evidencia la diversidad vegetal de los ecosistemas altoandinos y la importancia de continuar explorando y documentando especies cuya distribución todavía se conoce de manera limitada.