Vivir más años es, sin duda, uno de los mayores logros de la humanidad. No obstante, en el Perú, esta transición demográfica está ocurriendo a una velocidad vertiginosa que pone a prueba la capacidad de respuesta del Estado, la academia y las familias. Tal como ratifican los resultados censales, el envejecimiento representa ya el 14.7 % de la población nacional. Si durante la segunda mitad del siglo XX la proporción de personas de 60 años o más se mantuvo estable alrededor del 7 %, esta cifra se duplicó en el primer cuarto del siglo XXI, y las proyecciones demuestran que este volumen poblacional alcanzará cerca de 10 millones de personas hacia el 2050.
Sobre este escenario, el Dr. Walter Mendoza, investigador titular de la Universidad Científica del Sur y especialista en estadística en salud pública, advierte sobre la necesidad de reenfocar nuestra mirada más allá de las cifras macroeconómicas:
«Si el siglo XX fue el de las grandes migraciones a las ciudades, y del inicio del descenso de la fecundidad, los censos siguen demostrando que el siglo XXI será el de la creciente supervivencia. Su administración constituye uno de los mayores desafíos de política pública».
Asimismo, el experto enfatiza que este proceso no constituye un bloque homogéneo:
«Es necesario hablar de ‘los envejecimientos’, pues no basta con medir la proporción de personas de 60 años o más. También importa su presencia en los hogares, sus roles como jefes de familia y proveedores o receptores de cuidados, así como las situaciones de soledad, viudedad, discapacidad y aislamiento que enfrentan».
La trastienda de la soledad y la vulnerabilidad
Una de las radiografías más contundentes que arrojan las encuestas de hogares es la profunda transformación de los núcleos familiares. Con hogares cada vez más pequeños y dinámicas migratorias que reducen la disponibilidad de parientes cercanos para asumir los cuidados, el soporte tradicional se debilita.
Los datos revelan que la mitad de las personas que viven solas en el Perú tiene 60 años o más. Dentro de este universo, la vulnerabilidad de género y económica es innegable:
Siete de cada diez mujeres que viven solas pertenecen a este grupo etario.
El ingreso promedio mensual de las personas mayores que viven solas no supera los S/ 500.
Una de cada seis personas mayores en esta condición que padece enfermedades crónicas presenta además alguna discapacidad.
Ante este panorama, Mendoza subraya la importancia de mirar hacia el futuro con una perspectiva intergeneracional:
«Quienes hoy son adolescentes y jóvenes llegarán a la vejez en sociedades donde habrá menos parientes disponibles para brindar cuidados. Las familias, cada vez más pequeñas, no pueden asumir solas esta responsabilidad».
Desigualdades territoriales y el reto de la gestión local
El envejecimiento en el Perú tampoco se distribuye de manera homogénea. De acuerdo con el análisis territorial, aproximadamente dos tercios de las provincias y tres cuartos de los distritos registran proporciones de adultos mayores superiores al promedio nacional, superando en numerosos territorios el 20 % e incluso el 30 %.
Esta fragmentación geográfica exige políticas diferenciadas. En las zonas rurales, por ejemplo, el especialista apunta a la urgencia de revalorar el rol de las personas mayores.
«Urge recuperar y valorar los conocimientos de las personas mayores dedicadas a la agricultura y la ganadería, especialmente sus saberes sobre especies, clima y agua, transmitidos durante generaciones», advierte.
Salud: una oferta médica anclada en el siglo pasado
La calidad de vida en la vejez está estrechamente ligada a los riesgos acumulados a lo largo de la existencia. Las proyecciones de la Carga Global de Morbilidad advierten sobre una epidemia silenciosa: el avance de la obesidad en el país. Hacia 2050, esta condición podría afectar a la mitad de las mujeres de 60 a 64 años y a una quinta parte de los hombres de 80 a 84 años, disparando el riesgo de diabetes, hipertensión y patologías articulares.
Pese a que las estadísticas sanitarias como la ENDES contrastan que mientras solo uno de cada siete niños presenta un episodio de enfermedad aguda en dos semanas, tres de cada cinco adultos mayores manejan una comorbilidad o enfermedad crónica, la respuesta del sistema de salud sigue desfasada.
«En un país que envejece rápidamente, en el que en el último cuarto de siglo la población de 60 y más aumentó de dos a cinco millones, cada año se forman como nuevos especialistas en Geriatría no más de treinta médicos. Pareciera como si siguiéramos en el siglo XX, en el que el perfil de morbimortalidad de la población era el de un país joven, por más que rápidamente estemos dejando de serlo», señala.
Hacia una gestión integral de los cambios poblacionales
Vivir más años es una conquista innegable; sin embargo, como concluye el investigador, el verdadero desafío actual consiste en garantizar que esa mayor supervivencia transcurra con dignidad y calidad de vida.
«Gestionar los envejecimientos exige reconocer los derechos de las personas mayores, prevenir riesgos, reducir desigualdades territoriales y valorar sus múltiples aportes, más allá de los económicos. No estamos ante un fenómeno imprevisible, sino ante una transformación que demanda respuestas oportunas. Vivir más es un logro de la humanidad; hacerlo con dignidad y calidad de vida es también un derecho», finaliza.