Investigaciones científicas

Estudio halla que el 95 % de los miembros de una comunidad indígena de Loreto tiene niveles de plomo que duplican el límite

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Los niños de la comunidad Yagua se encuentran en riesgo de tener daños irreversibles para el desarrollo neurológico y los adultos podrían enfrentar enfermedades cardiovasculares, daño renal y disminución de la fertilidad.

Un reciente estudio reveló que la mayoría de los habitantes de la comunidad Yagua de Nueva Esperanza presenta niveles elevados de plomo debido al consumo del agua del río y la munición utilizada en la caza de subsistencia.

Esta comunidad amazónica, ubicada a más de 300 kilómetros de Iquitos, acceso únicamente por vía fluvial y sin actividad industrial cercana, alberga aproximadamente 350 personas, según el último censo de 2019.

La investigación, que analizó muestras de sangre humana, peces, fauna silvestre y fuentes ambientales, determinó que la mediana de plomo en sangre (BLL) de la población evaluada es de 11.74 µg/dL, más del doble del umbral de referencia de 5 µg/dL establecido por organismos internacionales de salud.

Un riesgo persistente para niños y adultos

El estudio, publicado en la revista Toxics, señala que el 95.8 % de los niños menores de 12 años y el 94.5 % de los adultos presentan concentraciones de plomo por encima de los niveles recomendados. Los hombres registraron valores significativamente más altos que las mujeres, con una mediana de 15.56 µg/dL frente a 8.84 µg/dL, una diferencia que los autores asocian al mayor consumo de carne de origen silvestre.

“La exposición crónica al plomo representa un grave riesgo para la salud. En el caso de los niños, puede provocar daños irreversibles en el desarrollo neurológico, afectaciones cognitivas y problemas de comportamiento. En adultos, se ha asociado a enfermedades cardiovasculares, daño renal y disminución de la fertilidad”, afirmó la Dra. Gabriela Ulloa, una de las autoras del estudio e investigadora de la Universidad Científica del Sur.

Agua y municiones: exposición cotidiana al plomo

El estudio identificó dos principales vías de exposición al plomo de los habitantes de la comunidad: el consumo del agua del río Yavarí-Mirín y el empleo de munición de plomo en la caza de subsistencia, una práctica extendida y central para la seguridad alimentaria local.

Según la encuesta aplicada, casi cuatro de cada diez hogares reportaron tener al menos un cazador. En Nueva Esperanza, la caza constituye una fuente primordial de proteína animal para la comunidad y se realiza mayoritariamente con escopetas que utilizan cartuchos de plomo. De acuerdo con la investigación, el 87.5 % de los cazadores emplea este tipo de munición.

Aunque la mayoría de las personas intenta retirar los perdigones antes de cocinar, el estudio señala que el 83 % de los habitantes suele encontrar fragmentos de plomo en la carne durante la preparación o el consumo de alimentos. El estudio explica que, incluso cuando los proyectiles visibles son extraídos, muchos fragmentos microscópicos pueden permanecer en los tejidos de los animales cazados, lo que facilita la ingestión del metal.

Además, los investigadores documentaron prácticas de alto riesgo asociadas al uso cotidiano del plomo. Cerca del 20 % de los habitantes reportan que muerden los perdigones para darles forma y reutilizarlos como plomos en redes de pesca, una actividad que incrementa de manera directa la exposición oral al metal, especialmente entre los hombres, que son quienes suelen realizar esta actividad.

A estas fuentes se suma el consumo de agua del río, utilizada para beber y cocinar. El estudio demuestra que una parte significativa del plomo de los habitantes proviene del agua del Yavarí-Mirín. Aunque se trata de plomo de origen geogénico, movilizado por la dinámica natural del río, el estudio advierte que las concentraciones de plomo en el agua sin tratar son entre 250 y 750 veces superiores a los límites permitidos para el consumo humano.

Intervenciones posibles sin afectar la subsistencia

Los autores enfatizan que los resultados no sugieren restringir la caza ni el consumo de carne silvestre, actividades centrales para la nutrición, la cultura y la economía de las comunidades indígenas en la Amazonía. En cambio, proponen medidas estructurales, como la transición hacia el uso de municiones no tóxicas, disponibles en el mercado a precios comparables, pero dependientes de regulaciones normativas del mercado local por parte del Estado, y la mejora del acceso a agua segura mediante sistemas de filtración.

“La solución no pasa por prohibir la caza o el consumo de carne silvestre. La caza es un pilar nutricional, cultural y económico para estas poblaciones. El problema no es la práctica en sí, sino el uso de municiones de plomo. Existen alternativas no tóxicas disponibles en el mercado, con precios comparables, por lo que la solución pasa por políticas de sustitución tecnológica y una correcta regulación del Estado en la venta de munición de plomo en estas zonas, no por restringir prácticas de subsistencia”, explica la Dra. Ulloa.

Además, el estudio destaca que prácticas simples, como la decantación del agua, dejar reposar el agua para que los sedimentos se depositen, reducen significativamente las concentraciones de plomo, de 3.6 mg/L a aproximadamente 0.5 mg/L, aunque este nivel aún supera los estándares de seguridad.

Un llamado a la justicia ambiental

Los investigadores advierten que este caso evidencia una falla estructural de protección ambiental y sanitaria. La ausencia de minería o industria no garantiza condiciones seguras si las comunidades carecen de acceso a tecnologías básicas que reduzcan la exposición a contaminantes naturales.

“La problemática del plomo no va a desaparecer por sí solo si no se interviene. Las consecuencias de esta exposición las cargarán principalmente los niños y la comunidad en su conjunto. Este estudio demuestra que la ausencia de industria o minería no garantiza estar libre de niveles peligrosamente altos de plomo”, añade la investigadora.

Aunque la presencia de plomo en el río de esta comunidad es de forma natural, el estudio concluye que la seguridad sanitaria de las comunidades indígenas amazónicas requiere políticas públicas adaptadas a su realidad cultural y económica, y refuerza la necesidad de abordar la contaminación por plomo como un problema de justicia ambiental y salud pública, incluso en los territorios más remotos.

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