Casi uno de cada seis presenta síntomas depresivos según los especialistas.
Cuando termina el partido y se apagan las luces del estadio, los futbolistas dejan de ser figuras deportivas para volver a una realidad mucho más parecida a la de cualquier persona: problemas económicos, presiones familiares, incertidumbre laboral y preocupaciones sobre su futuro.
Una investigación de la Universidad Científica del Sur encontró que el 54,8% de los futbolistas del primer equipo y división de menores evaluados reportó una calidad de vida pobre y que el 17,3% presentó síntomas depresivos, una proporción que equivale a casi uno de cada seis jugadores.
El estudio analizó a 168 futbolistas profesionales, hombres y mujeres, y reveló que quienes presentaban síntomas depresivos tenían 42% más probabilidades de experimentar una calidad de vida deteriorada.
«Lo que encontramos fue que más de la mitad de los futbolistas reportó una calidad de vida pobre y que los síntomas depresivos estaban alterando directamente esa calidad de vida», explica Fernando Runzer, investigador de la Universidad Científica del Sur y uno de los autores del estudio.
Más allá del rendimiento deportivo
La investigación surgió a partir de un proyecto impulsado por la Federación Peruana de Fútbol para conocer el estado de salud de jugadores de distintas categorías. Aunque inicialmente se pensó en aspectos físicos y deportivos, el equipo decidió incluir variables relacionadas con salud mental, calidad de vida y síndrome de burnout.
Para evaluar la calidad de vida, los investigadores analizaron dimensiones como bienestar físico y psicológico, relaciones familiares, apoyo social, autonomía, entorno educativo, percepción económica y experiencias de rechazo social.
Los resultados, publicados en la Revista de Neuro-Psiquiatría mostraron que el bienestar de los futbolistas depende de mucho más que su desempeño en la cancha.
«El fútbol no solamente es nutrición, entrenar y entrenar. También hay que ver que dentro del equipo exista personal de salud mental que apoye a estos deportistas», señala Runzer.
La presión de triunfar
Durante la recolección de datos entre los años 2019 – 2020, los investigadores identificaron una realidad que rara vez aparece en las transmisiones deportivas: muchos jugadores jóvenes enfrentan jornadas agotadoras para intentar construir una carrera profesional.
Algunos deben combinar estudios, trabajo y entrenamientos. Otros cargan con las expectativas de sus familias o con la presión de convertirse en el principal sostén económico del hogar.
«Son jóvenes de 17, 18 o 20 años que tienen horarios copadísimos. Es muy esperable que las expectativas de la familia, del entrenador o del entorno generen niveles altos de agotamiento emocional», explica el epidemiólogo.
Según el equipo, estas presiones pueden derivar en burnout, un estado de agotamiento físico y mental asociado a la práctica deportiva, y posteriormente en síntomas depresivos.
El estigma de pedir ayuda
Uno de los hallazgos que más preocupa a los investigadores es que la salud mental continúa siendo un tema difícil de abordar dentro del fútbol profesional.
Runzer sostiene que muchos jugadores evitan hablar de sus problemas emocionales por miedo a ser percibidos como débiles o a perder oportunidades deportivas.
«Existe la sensación de que si un deportista dice que está ansioso, deprimido o emocionalmente agotado, el entrenador podría dejarlo en la banca o considerar que no está preparado para competir», explica.
La situación se agrava en aquellos clubes donde no existen psicólogos deportivos ni profesionales especializados en salud mental.
Cigarrillos, alcohol y calidad de vida
El estudio también encontró asociaciones entre el consumo de sustancias y una peor calidad de vida.
Los investigadores reportaron que aproximadamente el 75% de los participantes había consumido alcohol recientemente. Además, quienes reportaron consumo de cigarrillos presentaban un riesgo significativamente mayor de tener una calidad de vida deteriorada.
«Nos sorprendió que deportistas reportaran consumir cigarrillos, alcohol e incluso sustancias ilícitas. Encontramos que el consumo de estas sustancias se relacionaba con problemas de calidad de vida y salud mental», afirma Runzer.
Para el investigador, uno de los principales aportes del estudio es recordar que los atletas de alto rendimiento también enfrentan problemas cotidianos y trastornos de salud mental.
«Los deportistas no dejan de ser seres humanos. Cuando se sacan el uniforme tienen problemas económicos, familiares o de pareja como cualquier otra persona. Y a veces ni siquiera necesitas tener un problema para desarrollar depresión», señala, “Aunque la actividad física forma parte de las estrategias utilizadas para prevenir y tratar la depresión, ello no significa que los deportistas estén libres de padecerla”.
Una tarea pendiente para el fútbol peruano
Frente a estos resultados, los investigadores recomiendan que los clubes y la Federación Peruana de Fútbol implementen programas permanentes de tamizaje y atención psicológica para detectar tempranamente a los jugadores en riesgo.
«La salud mental influye en todo: en la calidad de vida, en el rendimiento deportivo, en las lesiones, en la recuperación y hasta en cómo un jugador responde ante la presión de un partido», sostiene Runzer.
Para los autores, invertir en salud mental representa una medida de protección para los deportistas y una estrategia que podría mejorar su rendimiento y prolongar sus carreras profesionales.
El estudio fue realizado por los investigadores Samantha Maguiña Figueroa, Cesar Silva Barboza, Alvaro Ñaña Córdova, Betzy Torres Zegarra, Nallely Chapoñan Agip y Fernando Miguel Runzer Colmenares, y fue financiado mediante el Fondo Semilla Beca Cabieses 2020 de la Universidad Científica del Sur, con apoyo de la Federación Peruana de Fútbol.