La malaria podría estar circulando de manera más compleja de lo que hasta ahora se creía en la Amazonía peruana. Un estudio realizado durante más de una década en la comunidad indígena Nueva Esperanza, en Loreto, encontró evidencia de circulación compartida de especies del parásito Plasmodium, responsable de la malaria, entre humanos y primates silvestres, lo que sugiere que ambos forman parte de un mismo sistema ecológico donde la enfermedad puede persistir.
La investigación, publicada en Emerging Infectious Diseases, analizó muestras de sangre de 141 personas de la comunidad indígena y de 341 primates silvestres pertenecientes a diez especies, obtenidas entre 2007 y 2020 a partir de restos de animales cazados legalmente para subsistencia de la comunidad indígena, respetando las prácticas culturales locales. Mediante técnicas moleculares de alta sensibilidad (como PCR, secuenciación genética y análisis filogenéticos) los investigadores compararon los parásitos presentes en ambos grupos y reconstruyeron sus relaciones evolutivas.
Uno de los hallazgos más relevantes fue que un tercio de las personas infectadas no presentaban síntomas, lo que significa que podían transmitir el parásito a los mosquitos sin saber que estaban infectadas. Además, los análisis genéticos revelaron que algunos parásitos detectados en humanos eran prácticamente idénticos a los detectados en primates muestreados en años anteriores, lo que indica que determinados tipos del parásito logran mantenerse en el tiempo en el sistema ecológico compartido por humanos y primates.
Sin embargo, los investigadores aclaran que estos resultados no demuestran que exista transmisión directa entre primates y humanos ni que los monos sean reservorios confirmados de la malaria, sino que evidencian una dinámica ecológica mucho más compleja que la considerada hasta ahora.
«La malaria no ocurre de forma aislada, forma parte de un ecosistema donde tanto humanos como fauna silvestre y vectores interactúan constantemente. Ese es justamente el enfoque de One Health que proponemos», explicó la Dra. Gabriela Ulloa, autora principal del estudio e investigadora de la Universidad Científica del Sur.
Un punto ciego para eliminar la malaria
Hasta ahora, las estrategias de control se han concentrado principalmente en interrumpir la transmisión entre humanos y mosquitos. Sin embargo, este trabajo sugiere que incorporar a la fauna silvestre en la vigilancia epidemiológica podría ser clave para entender cómo el parásito logra persistir en ecosistemas amazónicos.
«Esto añade una capa de complejidad a las estrategias de eliminación de la malaria. Durante mucho tiempo la enfermedad ha sido vista únicamente desde la relación entre humanos y mosquitos. Incorporar a la fauna silvestre nos muestra cómo estos parásitos podrían mantenerse y distribuirse en la naturaleza», señaló Ulloa.
La investigadora subraya que todavía quedan preguntas abiertas.
«En este estudio no hemos logrado determinar si estamos frente a parásitos que infectan múltiples hospedadores o si existen linajes específicos asociados a determinadas especies. Son preguntas que esperamos resolver en los próximos estudios», indicó.
Más allá de humanos y primates
La investigación también abre la posibilidad de que la circulación del parásito no se limite únicamente a los primates.
Según Ulloa, estudios del mismo grupo ya han detectado parásitos relacionados con la malaria humana en otras especies silvestres, como coatíes y algunos ungulados (mamíferos) amazónicos.
«Esto va un poco más allá de los primates, aunque todavía no sabemos si estas infecciones representan transmisión entre especies o eventos independientes que expliquen cómo persisten estos parásitos en la naturaleza», comentó.
Ciencia en una de las zonas más remotas del país
El estudio también representa un importante esfuerzo logístico. Nueva Esperanza se encuentra a más de 300 kilómetros de Iquitos y solo es posible llegar por vía fluvial en un viaje de cinco a seis días.
Para sostener el monitoreo durante trece años, el equipo trabajó estrechamente con la comunidad indígena, que colaboró en la recolección de muestras provenientes de animales destinados al consumo de subsistencia.
«El reto más grande fue implementar un sistema de muestreo en colaboración con la comunidad, respetando sus rutinas y ganándonos su confianza durante tantos años para que el estudio pudiera mantenerse», recordó Ulloa.
La autora considera que la experiencia demuestra que es posible desarrollar sistemas de vigilancia epidemiológica participativa en zonas remotas de la Amazonía, un aspecto que podría fortalecer las estrategias nacionales de control de la malaria.
«Ese sistema de colecta podría convertirse en la base para mapear mejor qué especies participan y en qué zonas ocurre esta circulación», afirmó.
Una mirada integral para futuras investigaciones
Aunque los resultados no modifican de inmediato las medidas de prevención contra la malaria, sí ofrecen nuevas pistas para comprender por qué la enfermedad continúa siendo un desafío en regiones amazónicas.
«Más que responder todas las preguntas, este estudio revela una historia sobre la interacción entre humanos, fauna silvestre y malaria que recién estamos empezando a comprender», concluyó.
Quienes también fueron parte de este estudio son: Alex D. Greenwood, Omar E. Cornejo, Henar Alonso, Meddly L. Santolalla Robles, Stephanie Montero, Andres G. Lescano y Pedro Mayor.