Investigaciones científicas Paper

Nuevo modelo médico evitará que el 80% de pacientes con hipertensión termine en un hospital

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El hacinamiento en los hospitales nacionales afecta a millones de pacientes todos los días. Una de las propuestas para solucionar este problema ha sido validada en una reciente publicación científica en la revista The Lancet Regional Health Americas.

Investigadores peruanos expusieron el éxito del despliegue y escalamiento nacional de un modelo integrado que promete cambiar la salud pública: unificar el tratamiento de la hipertensión arterial, la diabetes mellitus tipo 2 y la enfermedad renal crónica directamente en las postas y centros de salud locales (primer nivel de atención).

El doctor Percy Herrera Añazco, médico nefrólogo e investigador titular de la Universidad Científica del Sur y autor principal del reporte, destaca que este cambio de paradigma ataca directamente la raíz de la saturación hospitalaria, pues hasta antes de la implementación de esta estrategia, las patologías crónicas se manejaban de manera fragmentada y desarticulada en el país.

“No existía un modelo de manejo integrado de enfermedades no transmisibles en el primer nivel de atención en el Ministerio de Salud y se manejaban a discreción de lo que podía hacer el profesional de salud en estos establecimientos. Este es un paso adelante, pues es la primera estrategia del Minsa que intenta abordar a los pacientes con enfermedades no transmisibles de forma integral en este nivel de atención”, destaca el también Director Ejecutivo de la Dirección de Prevención y Control de Enfermedades No Transmisibles, Raras y Huérfanas del Ministerio de Salud.

La iniciativa HEARTS fue lanzada a nivel global en el año 2016 como una estrategia internacional para fortalecer la prevención y el control de las enfermedades cardiovasculares, centrándose en el manejo de la hipertensión arterial en el primer nivel de atención (puestos y centros de salud). El Perú ha sido de los primeros en el continente en adoptarla de forma oficial y, bajo un mismo sistema técnico-operativo, amplió el alcance de la iniciativa organizando la atención no solo para el control de la hipertensión arterial, sino también integrándola al control de la diabetes mellitus y la enfermedad renal crónica.

Actualmente el modelo se ha expandido a cerca de 1200 establecimientos de todo el país.

Descongestionando los hospitales de alta complejidad

Uno de los ejes más críticos que resuelve este modelo es el menor uso de la atención médica especializada. Tradicionalmente, la falta de lineamientos claros provocaba que grandes grupos de pacientes acudieran a los centros de tercer nivel (hospitales nacionales) por afecciones que pueden y deben resolverse en la atención primaria, retrasando las citas y agravando las complicaciones.

“La mayoría de los pacientes cuando tiene hipertensión, diabetes o enfermedad crónica, asume inmediatamente que debe ser visto por el especialista que de forma usual se encuentra en el tercer nivel de atención en los hospitales. Esto lo que hace es sobrecargar la atención de esos hospitales y, en consecuencia, que las citas sean más demandadas, que la atención se retrase y aumenten las complicaciones”, explica Herrera.

Por ejemplo, en el caso de la hipertensión arterial, el 80% de los pacientes no tienen las complicaciones que ameriten ser vistos por un especialista, al menos que haya una indicación muy específica, por lo que puede ser visto por un médico del primer nivel de atención adecuadamente capacitado.

Un enfoque multidisciplinario

A diferencia de las estrategias tradicionales que norman de manera exclusiva el acto médico dentro del consultorio, el modelo integrado que implementa el Ministerio de Salud, se estructura como una estrategia de gestión de calidad integral y de base comunitaria. Las responsabilidades de detección, educación y seguimiento se distribuyen de manera activa entre médicos, enfermeras, técnicos de salud, químicos farmacéuticos y agentes comunitarios.

“Este modelo integrado no está centrado en la atención del médico, sino del equipo multidisciplinario, debido a que esta estrategia intenta que todo el personal de salud esté involucrado en la atención de un paciente con una enfermedad no transmisible. La idea es que todo el personal de salud, y no solamente el médico, esté centrado en el manejo”, detalla el especialista.

Operativamente, el sistema se sostiene sobre cuatro componentes esenciales:

· Vías clínicas estandarizadas: Infografías con recomendaciones basadas en evidencia científica para el diagnóstico y tratamiento inmediato, que además han recibido una adaptación cultural y traducción a seis lenguas originarias del Perú para garantizar la pertinencia cultural.

· Indicadores e índices de madurez: Herramientas metodológicas validadas que auditan la fidelidad de la implementación y miden los resultados clínicos de cada centro de salud.

· Fortalecimiento de capacidades: Capacitación continua apoyada en facilitadores regionales, quienes brindan mentoría directa a los equipos de atención primaria.

· Disponibilidad de recursos críticos: Estrategias para asegurar el abastecimiento de medicamentos esenciales y herramientas validadas, como tensiómetros automatizados.

Impacto socioeconómico y desafíos pendientes

El control oportuno en los centros de salud locales previene complicaciones sumamente costosas e incapacitantes como infartos, amputaciones por pie diabético o la necesidad de diálisis. “Desde el punto de vista de salud pública, es más costo-efectivo manejar los factores de riesgo como el caso de hipertensión, diabetes y enfermedad crónica en el primer nivel de atención, que sus complicaciones en los hospitales”, resalta Herrera.

Además, el especialista recalca que la implementación del modelo también permite la justificación presupuestal progresiva para la atención de las enfermedades no trasmisibles.

“Si tú no diagnosticas la hipertensión arterial, no registras la atención y la prescripción de medicamentos, al siguiente año no tendrás como justificar el aumento de tu presupuesto. Esta estrategia permite de forma directa mejorar también los recursos económicos que van a permitir comprar los implementos necesarios para la atención adecuada”, detalla.

Sin embargo, el estudio identifica brechas estructurales severas que deben subsanarse. Los datos revelan que mientras en hipertensión hay avances notorios en el inicio del tratamiento de hasta un 75%, el tamizaje de enfermedad renal crónica muestra niveles inferiores al 20%.

Entre las barreras principales destacan que más del 80% de las postas evaluadas carecen de acceso a pruebas de albuminuria (medidoras de daño renal y riesgo cardiovascular), y casi un 30% no puede realizar mediciones de creatinina sérica (medidoras de la función renal). Asimismo, la persistencia de registros manuales ante la falta de una historia clínica digital unificada para enfermedades no transmisibles limita el monitoreo en tiempo real.

Pese a los desafíos pendientes, este marco normativo se perfila como un modelo operativo de alta utilidad y exportable para otros países de ingresos bajos y medios en la región que combaten la fragmentación de sus sistemas sanitarios.

En la publicación también participaron los investigadores Carlos Diaz-Arocutipa, Vicente Benites-Zapata y Pedro Kikushima-Alcántara del Ministerio de Salud.

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