· Los votantes primerizos son el grupo más vulnerable, ya que registraron más omisiones, mayor dificultad y menor seguridad al emitir su sufragio.
A pocos días de las Elecciones Generales 2026, una investigación realizada con 194 jóvenes universitarios advierte un problema poco visible pero crítico: las condiciones en que la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) organiza el voto, con un tiempo acotado de aproximadamente un minuto por elector según la ley electoral, pueden afectar la calidad del sufragio e incrementar la cantidad de votos en blanco.
El estudio, desarrollado por la carrera de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Científica del Sur, simuló escenarios reales de votación con una cédula electoral compleja, 36 candidatos y múltiples listas legislativas, para medir cómo influye la restricción de tiempo en la toma de decisiones.
Los resultados muestran que cuando los participantes no tuvieron límite de tiempo, tardaron en promedio 82.9 segundos (más de un minuto y medio) en completar su voto. En cambio, bajo presión de un cronómetro visible de 60 segundos, el tiempo se redujo a 48.1 segundos. Esta diferencia en la rapidez refleja una menor deliberación.
Pero el hallazgo más relevante está en las consecuencias: los votos en blanco casi se duplicaron en el grupo con restricción de tiempo. Es decir, ante la presión, los votantes optaron por omitir decisiones antes que arriesgarse a marcar incorrectamente.
“Estos hallazgos son preocupantes tomando en consideración que, según la Ley Orgánica de Elecciones, se establece que el plazo máximo para sufragar es de un minuto. Esto hace que los electores tengan hasta 12 segundos por cada columna y, ante la presión de tiempo por parte de los miembros de mesa, las personas omiten votar en algunas columnas, vulnerando su derecho a elegir”, explica Alexandra Ames, docente de la carrera de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Científica del Sur y autora de la investigación.
En contraste, los votos nulos, aquellos que contienen errores de marcado, no variaron significativamente entre quienes tuvieron más o menos tiempo. Este resultado apunta a un problema distinto: la falta de claridad sobre cómo votar correctamente. Incluso en una población universitaria, considerada informada, persisten dudas básicas acerca del proceso.
Además, la investigación revela que, aunque los participantes bajo presión reportaron mayor dificultad, estrés y sensación de falta de tiempo, su nivel de seguridad al votar no disminuyó. En otras palabras, no perciben que están votando peor.
El estudio también identifica a los votantes primerizos como el grupo más vulnerable. Representando el 87% de la muestra, mostraron mayores niveles de dificultad, más omisiones y menor seguridad en comparación con quienes ya tenían experiencia electoral.
Los hallazgos plantean desafíos directos para el sistema electoral peruano. Por un lado, evidencian que el tiempo estimado de un minuto por votante podría ser insuficiente para una decisión informada. Por otro, subrayan la necesidad de mejorar tanto el diseño de la cédula como las estrategias de educación cívica.
“Si estos efectos se observan en jóvenes universitarios, un grupo relativamente informado, motivado y con capital educativo alto, las consecuencias para el electorado general podrían ser considerablemente mayores”, advierten los autores.
Recomendaciones
En ese sentido, los especialistas recomiendan que los votantes lleguen a la cabina con una decisión tomada con antelación y, de ser posible, lleven anotado en un papel el número o símbolo de su opción elegida, especialmente en comicios con múltiples listas. Familiarizarse previamente con el diseño de la cédula y conocer cómo marcar correctamente también puede reducir errores y omisiones en un escenario donde el tiempo es limitado.
Más allá de la responsabilidad individual del votante, la investigación pone el foco en las condiciones estructurales del proceso electoral. “En estas elecciones, lo más importante es poder votar en circunstancias que permitan decidir con claridad. No se trata de que los ciudadanos voten mal porque no quieren hacerlo bien, sino de que la estructura del sistema no está diseñada para que puedan hacerlo”, afirman los autores.
La investigación fue diseñada y realizada por Dante Solano Silva y Alexandra Ames Brachowicz, docentes de la carrera de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales e integrantes del Instituto de Liderazgo y Democracia de la Universidad Científica del Sur.