Estas bebidas son catalogadas como “saludables” por su contenido bajo de azúcar, la presencia de antioxidantes u otros elementos, pero esto no contrarresta su nivel de acidez.
Investigadores de la Universidad Científica del Sur analizaron el nivel de acidez de diferentes bebidas no alcohólicas comercializadas en nuestro país y revelaron que el 100% de estas tienen el riesgo de causar erosiones dentales si se consumen de manera habitual, lo que pone en riesgo la salud oral de los consumidores.
La investigación mostró niveles de riesgo variados entre las bebidas analizadas. Así, se pudo observar que las bebidas más ácidas y con un riesgo extremo de provocar daños en el esmalte dental, fueron aquellas hechas a base de té, el agua tónica, las gaseosas light/zero y las gaseosas regulares.
Por otra parte, las aguas saborizadas, bebidas energizantes, bebidas hidratantes, jugos de fruta artificiales y refrescos preparados presentaron un riesgo medio. La única bebida con un riesgo mínimo fue el agua con gas.
De acuerdo con la Dra. Julissa Dulanto, investigadora de la Científica y autora del estudio, la composición química de estas bebidas es la respuesta a su alto nivel de acidez, debido a la presencia de ácidos utilizados como saborizantes, conservantes, etc. “Cuando los químicos entran en contacto con los dientes frecuentemente, estos van perdiendo sus minerales, y la capa externa va adelgazando, hasta la pérdida del esmalte”, explica.
Este debilitamiento puede causar mayor sensibilidad dental, problemas en la alimentación y aumenta el riesgo de fracturas o fisuras, cuyos tratamientos representan un alto costo de salud y económico para el paciente.
La ingesta de estos productos también puede aumentar la acidez estomacal, lo que lleva al desarrollo de enfermedades como reflujo gastroesofágico, gastritis, entre otras.
Un peligro dental invisible
Estas bebidas catalogadas como “saludables” son escogidas en múltiples ocasiones debido a su contenido bajo de azúcar, la presencia de antioxidantes u otros elementos; sin embargo, tal y como se señala en el estudio, esto no contrarresta su nivel de acidez, ni el potencial de erosión que tienen.
Para la especialista, se trata de un riesgo enmascarado. “Cuando uno ve la propaganda, dice ‘cero azúcares’, y esa es su principal bandera, pero hay más características detrás de eso, y en el caso de las bebidas es la acidez que puede generar”, señala.
La autora considera que se requiere mayor visibilidad sobre las afecciones que pueden causar estas bebidas para la salud oral. Perú exige advertencias claras como los octógonos para el nivel de azúcar, pero no para el de acidez.
“La propaganda del consumo industrial está en el día a día, y es difícil incluso como odontólogos lograr cambiar hábitos culturales. El Estado debe regular esto a través de normas”, explica.
¿Cómo se llevó a cabo este estudio?
El estudio, publicado en la revista científica Annals of Dental Specialty, fue realizado por los investigadores Julissa Dulanto y Maynor Carranza, de la Universidad Científica del Sur, junto a los tesistas Carlos Velarde y Alexandra Isla.
Los autores analizaron 83 diferentes tipos de bebidas, recolectadas por triplicado en 13 ciudades del Perú, las cuales se dividieron en 10 categorías: agua con gas, agua saborizada, agua tónica, energizantes, gaseosas light/zero, gaseosas regulares, hidratantes, jugos de fruta no naturales, refrescos preparados y bebidas a base de té.
Las bebidas debían tener fecha de consumo vigente, registro sanitario y estar selladas. Se mantuvieron a temperatura ambiente y protegidas de la luz solar directa hasta el análisis. El nivel de acidez se midió con un pH-metro digital multiparamétrico.
Las mediciones se realizaron a temperatura ambiente de laboratorio, oscilando entre 20°C y 25°C, para evitar alteraciones en los valores de acidez de las bebidas que podrían ocurrir a temperaturas extremas.
“Este tipo de bebidas en Perú son bastante consumidas, ya que sus precios las ponen al alcance de la sociedad, incluso de la población infantil. Es por eso que tuvimos el interés de involucrarnos y ver no solamente el potencial daño que podría causar a los dientes, sino también el tema económico y ambiental”, finaliza Dulanto.